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Después de la inmensa alegría que nos invade al saber que estamos embarazadas empiezan las preguntas y miedos incesantes hasta que llegamos a esa primera visita con nuestro ginecólogo.

Lo primero que empezamos a pensar es de cuantas semanas, días, horas, minutos y segundos estamos embarazadas. Si lo teníamos ya mas o menos organizado lo que sí sabemos es el ginecólogo que queremos que nos lleve nuestro maravilloso embarazo. Pero, si esto no lo teníamos claro, empieza nuestro primer dilema importante: ¿en la sanidad pública o en la privada? ¿en esta clínica o en otra? ¿con este ginecólogo que atiende partos personalmente o con este otro que tiene un equipo de guardia? Son tantas las preguntas para resolver este primer “escollo” que directamente nos abalanzamos al teléfono para llamar a estas amigas que todas tenemos y que todo lo saben (o al menos eso creemos) acerca de estos temas.

Una vez que tenemos marcada en nuestro calendario esa primera cita con nuestro ginecólogo vamos contando con entusiasmo e incertidumbre a la vez los días hasta que llega ese deseado día. Muchas veces llegamos a ella con falsas expectativas, ya que pensamos que vamos a ver en el monitor del ecógrafo a nuestro adorado retoño, y la realidad es que en el mejor de los casos, si es una clínica privada, nos hacen una ecografía que, si tenemos suerte, nos dirá si efectivamente se confirman las dos rayitas que nos salieron en ese test que tenemos en casa guardado de recuerdo como oro en paño.

Confirmado el embarazo, tratándose de madres primerizas como somos, llega la ronda de preguntas, y es en este momento cuando sacamos del bolso nuestro “pliego”, o libreta algunas más organizadas, y el ginecólogo, que ya conoce la situación, se acomoda en su sillón, porque lo de echarse a temblar no quedaría muy bien, para contestar todas estas preguntas que nos han tenido en un sin vivir hasta que ha llegado ese día. “Doctor, ¿puedo comer jamón? ¿cuándo sabremos el sexo del bebe? ¿puedo teñirme el pelo? ¿e ir al gimnasio?”…

Cuando terminamos nuestro particular interrogatorio, y más felices y llenas de miedos que nada, salimos de la consulta con esa sonrisa de oreja a oreja que nunca olvidaremos y sin darnos cuenta comenzamos esa etapa tan bonita e incomparable de nuestras vidas… ¡vamos a ser mamás!

Imagen| Bigstockphoto