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Es su primer verano y quieres que sea inolvidable para toda la familia, pero temes cómo enfrentará tu bebé los calores y cambios inherentes a esta época. No te preocupes, es normal sentirse un poco anhelantes ante algo así, pero procura no dramatizar: lo vais a pasar genial todos juntos.

De entrada, ten cuidado con la temperatura. Puedes tener miedo a que coja frío pero, si hace calor, ¿por qué habría de pasar? Taparlo demasiado puede provocarle un golpe de calor o erupciones cutáneas: está bien que sus bracitos estén a aire. Sobre todo, vigila la presencia del sudor en cuello o cabeza, pues es la señal de que tiene calor, y procura cambiarlo si la ropa se ha mojado. Por la noche desciende la temperatura corporal, así que tápalo por lo menos con una sábana.

Si vais a salir a la calle, procura que sea en las horas del día en las que el calor aprieta menos, al amanecer y al anochecer. El sol, además, es menos dañino en esos momentos y proporcionará a tu bebé su necesaria ración diaria. Con quince o veinte minutos bastará. A pesar de que es más suave en estos momentos, no dejes por ello de proteger sus ojitos y su cabeza, con gafas y gorrito.

A partir de los seis meses ya puede estar más rato, y además ya puedes aplicarle una crema solar específica. Protégele siempre de los rayos directos y lleva contigo siempre un biberón con agua fresca, aunque esté tomando el pecho. Ofrécesela siempre que creas que la necesita y que tome a capricho, aunque, si no la quiere, tampoco debes forzarle: él sabe lo que necesita.

Recuerda que es más fuerte de lo que te crees, pero aún así te necesita continuamente, para protegerlo, mimarlo y hacer de éste su primer verano un momento maravilloso para recordar.

 Imagen| Bigstockphoto