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Una de las cosas más desesperantes que puede ocurrirle a unos padres es que su hijo no quiera comer. No es fácil manejar esta situación que suele producirse a diario. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué pautas debemos seguir? ¿Debemos obligarle a comer? ¿Podemos dejarle que haga lo que quiera? Un montón de preguntas en nuestras cabezas y distintos puntos de vista y respuestas a todas ellas.

Ante todo serenidad. Es muy difícil mantenerla, porque vemos cómo, día a día, nuestro hijo no come, o al menos no come lo que a nosotros nos gustaría, y eso es duro. Para nuestro hijo tampoco es sencillo, todo lo contrario. Cada día es una nueva lucha con su madre o su padre a la misma hora y con un plato de comida delante, insoportable para ambas partes.

Lo primero que tenemos que preguntarnos es por qué nuestro hijo es inapetente, qué es lo que hace que no coma. Puede ser debido a una situación familiar, un cambio en su vida cotidiana, como la llegada de un hermanito, el divorcio de sus padres, el comienzo de la etapa escolar. También puede deberse a unos hábitos inadecuados, nuestro hijo come entre horas y cuando llega el momento de sentarse a la mesa lógicamente no tiene apetito.

Muchas voces apuntan a que lo mejor es dejarle que coma lo que le apetezca, ya que un niño no es capaz de dejar de comer, y en algún momento tendrá que iniciar de nuevo la alimentación. Pero a nosotras, como madres que somos, nos resulta implanteable esta solución y no podemos dejar que se levante de la mesa un día tras otro sin probar bocado. Por ello tenemos que ponernos manos a la obra para llegar a un punto intermedio, algo que favorezca  ambas partes, ya que si no seguirá siendo un tira y afloja, una lucha diaria con ningún ganador y dos perdedores: nuestro hijo y nosotros.

Lo que sí os puedo asegurar es que ningún niño se muere por no comer, y aunque vuestro pediatra ya os habrá repetido esta misma frase muchas veces, creedme, es cierto. Así que… ¡mucha paciencia, amigas!
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