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Cuando me enteré que estaba embarazada lo primero que pensé, además de la alegría que me dio y de lo bien que me sentí…, fue en la cantidad de ropita que iba a comprara a mi bebé. Aún no sabía si iba a ser niño o niña, pero me hacía especial ilusión el hecho de ir a comprar cosas para la personita que estaba dentro de mí. Sin embargo, pronto me di cuenta de una cosa en la que no estaba cayendo y es que me estaba preocupando en comprar ropita de bebé que mi hijo no se podría poner nada más nacer, ya que durante los primeros meses de vida los bebés pasan la mayor parte del tiempo durmiendo y lo más aconsejable es que estén cómodos y relajados.

En esos momentos me empecé a preocupar por la ropa de cama que iba a usar. Lo que mejor me ha ido a mí en todos mis embarazos es la ropa de cama natural, de algodón y suave. Una ropa que deberemos  lavar muy a menudo ya que es lo más normal del mundo que durante los primeros meses vomiten o al echar el aire ensucien todo. Eso sí, la manera de lavarla más aconsejable, igual que la de lavar su ropita, es con jabón natural y neutro. Así como evitar los suavizantes que podrían irritar la piel del bebé.

En ese sentido, un equipo completo que nos puede sacar de más de un apuro para esos meses, podría estar formado por un par de toallas de capucha. Mejor comprarlas grandes, porque las de bebé, bebé, se les quedan pequeñitas enseguida. Además siempre tendría dos juegos de sábanas disponibles, por lo que he comentado más arriba, así como los impermeables del colchón y las sábanas para el capazo. Nunca está de más la mantita de cuna o por ejemplo los saquitos con cremallera para dormir en invierno. Son geniales porque no la cremallera impide que se destapen. Si no te gustan los saquitos, también existen un especie de pinzas que sujetan las sábanas y también evitan que los pequeños se destapen por las noches.

Imagen| Bigstockphoto