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Cuando pensamos en las personas que nos gustaría que fueran nuestros pequeños de mayores, ¿cómo los vemos? Si entre las características que queremos que desarrollen se encuentra la de “aficionado a la lectura”, es conveniente que comencemos desde ya. Hacerles ver que los libros son objetos maravillosos en los que se esconcen todas las historias, todos los cuentos y todas las vidas inimaginables será bien difícil si nosotras mismas no nos lo creemos. Por ello, por ellos, debemos ser lectoras. Deben vernos leer, disfrutar de la lectura, buscar los libros e interesarnos por ellos. En su afán imitador, puesto que somos sus modelos de conducta, tratarán de involucrarse en el misterio de los volúmenes. El primer paso está dado.

El siguiente es hacerles amar su contenido. Para ello, nada mejor que leerles un rato, durante la cena o antes de apagar la luz, ya en su camita. A todos los niños les gustan los cuentos. ¿Qué mejor momento se puede compartir que esa escenificación de una historia, poniendo voces, riéndose juntos, mirando las ilustraciones si es necesario? Poco a poco él querrá ser quién lea la historia, quien la recree para él mismo. El segundo paso está dado.

Ahora es necesario que sus primeros libros cubran sus gustos y necesidades. ¿Que le gustan los piratas? Una de corsarios, con sus mares y espadas. ¿Que tiende más al romance? Una historia clásica de amores apasionados. Si no sabes bien qué título escoger, pregunta en tu librería, ellos te asesorarán encantados. O si no, recurre a tu memoria: ¿qué libros marcaron tu infancia? ¿No te gustaría que tus hijos revivieran esa emoción que sentiste tú?

Los buenos hábitos, tanto físicos (vida sana, deporte y alimentación correcta) como intelectuales (la afición a la lectura y la mentalidad crítica) son aptitudes que se han de cultivar desde un principio. Animémosles a ser mejores personas y seamos la ayuda que necesitan para alcanzar todo su potencial.

Imagen| Bigstockphoto