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Traer una nueva vida al mundo es una tarea titánica: no sólo por el esfuerzo del momento de dar a luz en sí, sino por todos los cambios que tu organismo ha experimentado a lo largo de nueve meses. Una vez tenemos aquí a esta nueva personita, tu cuerpo ha de revertirlos al estado en el que se encontraba antes. Al tiempo en el que el organismo regresa a la normalidad se le denomina puerperio.

El control en este período es esencial, ya que tu organismo ha quedado debilitado y es así más vulnerable a los ataques de infecciones y enfermedades oportunistas. Tu médico te someterá a diversos exámenes: es algo lógico y muy necesario aunque tú te encuentres bien. No creas que no lo precisas aunque no sea tu primer embarazo y en los anteriores todo fuera perfectamente: cada bebé que viene al mundo es único, y cada parto también.

Tu cuerpo ha de eliminar los restos del embarazo: el agua retenida en los tejidos, el contenido del útero y sangre. Esto lleva a un aumento de la sudoración y a la necesidad de emplear absorbentes: es mejor en estos momentos optar por compresas externas en lugar de por tampones, ya que éstos podrían favorecer una infección vaginal. Consulta a tu médico ante cualquier duda.

Tardarás un poquito en volver a menstruar, un período que, dependiendo de si vas a dar el pecho o no, puede durar entre unos 40 días hasta cubrir todo el período de la lactancia. En cualquier caso, y si considerases que existe un retraso injustificado, no dudes: pregúntale a tu médico. Poco a poco tu sistema hormonal vuelve a funcionar como antes del embarazo. Algunas mujeres experimentan, en este sentido, un cambio en su regularidad. Mientras se encuentre dentro de los límites habituales, no es nada preocupante.

Poco a poco irás volviendo a ser tú misma. Con la ayuda de tu entorno y, nunca lo olvides, de tu médico de cabecera, tu bebé tendrá una mamá sana y fuerte.

Imagen| Bigstockphoto