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Hace algunos días nos sorprendía una bonita noticia que publicaba la agencia de noticias Europa Press en la que se confirmaba a través de un estudio de la Universidad de Boston que los abuelos que tienen relaciones más estrechas con sus nietos tienden a padecer menos depresión que aquellos que no la tienen. Estas conclusiones, a las que llegaba la estudiosa Sara M. Moorman, del Departamento de Sociología y del Instituto sobre el Envejecimiento de la Universidad americana, también venían a decir que el beneficio no sólo recae sobre los abuelos, también sobre los propios nietos. Unos beneficios psicológicos que perduran, resalta el estudio, “hasta bien entrada” la edad adulta.

Y es que claro, lo habréis notado en casa con la llegada de vuestro pequeñín. Este nacimiento suele ser un soplo de aire fresco en la vida de nuestros mayores, que acostumbrados a una rutina que a veces les ahoga, se encuentran de repente con un pequeño al que poder ir a visitar, del que poder presumir con sus amiguetes y, en muchos de los casos (hecho que sube la autoestima y les hace sentirse muy útiles) del que poder cuidar. Precisamente, este último hecho, cuando el mayor adopta el rol de cuidador o de persona que se encarga de nuestro bebé bien porque nosotras tenemos que incorporarnos a trabajar o bien porque es el propio abuelito o abuelita quien no quiere perderse ni un solo detalle de su nuevo nieto, es el que mayor beneficio crea en el estado psicológico del mayor. En primer lugar porque se sienten “útiles” (estado que se incrementa incluso si somos madres primerizas. Tenemos muuucho que aprender y qué mejores profesores que ellos) y segundo lugar porque es una manera de volver a revivir esos momentos que ya vivieron con sus hijos hace muchos años. Unos momentos felices que les beneficia recordar.

Por otro lado, el estudio desvelaba que sin embargo, cuando nuestros pequeños se van haciendo mayores y ya pueden echar una mano a los abuelos en las tareas de la casa, en las compras o tareas similares, los síntomas depresivos se incrementan en los abuelos. Es por eso que es más que conveniente establecer un equilibrio entre estas situaciones. Es decir, no podemos aprovecharnos del papel de nuestros padres (o los de nuestro marido) y sobrecargarlos con nuestros hijos, porque al fin y al cabo, por muy bien que se sientan, son personas mayores. Pero tampoco podemos estar demasiado encima de ellos (ni que nuestros hijos lo estén) porque se sentirán infravalorados y poco capacitados para realizar actividades que antes podían llevar a cabo sin ningún problema. El secreto está en ayudarlos sin que se den cuenta que lo estás haciendo. Cuidarles, fomentar su relación con nuestros pequeños y ayudarles a estar mejor con ellos mismos, en el fondo, es estar cuidándonos a nosotras mismas.

Fuente|Europa Press
Imagen| Bigstockphoto