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En la digestión, la glucosa, elemento necesario para aportar energía al organismo, es transportada por la insulina, que es una hormona segregada por el páncreas. Si por alguna causa el cuerpo no dispone de suficiente insulina como para mover esa glucosa, se produce lo que se llama hiperglucemia. Esto es lo que les ocurre a las personas con diabetes.

Hasta hace relativamente poco, la edad en la que esta enfermedad hacía su aparición en la gente joven era en torno a la pubertad. Sin embargo, últimamente se están dando casos en niños de incluso menos de cinco años, por causas aún no muy claras, aunque se supone que intervienen en ello factores medioambientales.

El problema que aparece cuando los pacientes son tan jovencitos es la incapacidad de éstos para relatar sus síntomas. Por mucho que las madres y los padres, con toda su buena voluntad, examinen a sus hijos, señales como tener mucha sed, estar cansado o incluso padecer vómitos son lo suficientemente vagos como para no despertar sospechas.

Una vez diagnosticado el niño, hay que tomar conciencia de que se trata de una enfermedad crónica, un compañero de viaje que lo acompañará de por vida y a que hay que acostumbrarse. Por ello es tan recomendable contar con el asesoramiento y apoyo de especialistas que os aconsejarán las medidas más adecuadas a tomar en cada caso.

Los niños han de recibir la insulina de manera regular, para lo cual deberán contar con personal preparado en el colegio o guardería donde se encuentren. Existen, de todas formas, importantes avances en el campo de la medicina que permitirán a tu hijo llevar una vida lo más normal posible sin la necesidad de depender continuamente de la presencia de personal especializado, como las bombas de insulina.

Tu médico, como en tantas ocasiones, será quien mejor te aconseje en todos los pasos a tomar. Y tú deberás ser el mejor apoyo para que tu hijo se sienta arropado y feliz.

Fuente| Nlm
Fuente| Serpadres.com
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