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Es como se ha hecho toda la vida. Nuestras abuelas lo hicieron e incluso algunas de nuestras madres también, pero lo cierto es que es una práctica que acabó dejándose a un lado y ahora, años después… ¡vuelve! Cierto es que personajes famosos como Nicole Kidman o Demi Moore, que ya han probado esta experiencia, han contribuido y contribuyen a que crezca el auge de esta práctica, pero además, también es cierto que  aunque hay inconvenientes, las ventajas de dar a luz en nuestras casas son muchas.

Si hemos tenido un embarazo sin complicaciones y contamos con un profesional que pueda estar con nosotros durante el parto, dar a luz en nuestras casas no tiene por qué tener más complicaciones que hacerlo en el hospital. Eso sí, siempre será conveniente que nuestra casa esté cerca de un hospital, por si comenzasen a surgir problemas. Hay que tener claro que igual que hay posibilidades de que un parto se complique en un hospital, en casa puede suceder lo mismo. Está claro que tener a nuestro pequeño en casa significa huir de lo poco cálido que puede resultar un hospital, y en muchas ocasiones también evitar una excesiva intervención de los profesionales durante el parto.

Dar a luz en casa significa en casi todos los casos estar más tranquila, relajada… lo que además de facilitar el parto en sí, beneficia e incrementa ese vínculo afectivo entre  madre e hijo. Es curioso como algunos lugares en los que esta práctica comenzó siendo una tendencia en la población, al final ha acabado implantándose e incluso siendo impulsada por los propios estados. Sucede en lugares como Canadá u Holanda, por ejemplo. En este último los partos de mujeres asistidas en casa son financiados por la seguridad social, mientras que aquellos que se realizan en hospitales tienen que ser pagados por los padres.

En ese sentido, otro de los puntos que debemos conocer si queremos tener a nuestro hijo en casa es que es un gasto que no cubre la seguridad social (al menos de momento). El dinero que puede costar un servicio así de personalizado en nuestro país puede rondar los 2.000 o 2.500 euros, dependiendo de los servicios que contratemos. Pero lo cierto es que este dinero suele incluir las visitas del profesional antes del embarazo y también el tratamiento posparto. Si te interesa el tema y quieres seguir indagando en él, esta noticia que emitió hace algún tiempo RTVE es un buen documento.

Imagen| Bigstockphoto