fbpx

Cada vez son más comunes, tanto entre adultos como entre niños. De hecho, desde hace unas décadas, el número de casos entre los más pequeños ha aumentado significativamente: son las alergias. La alergia es una hipersensibilidad ante determinado producto o ser, llamado alérgeno, que induce a nuestras defensas a pensar que está siendo atacado, produciéndonos una reacción exagerada.

La sobreexposición a los alérgenos más comunes, causada por ejemplo por la polución o la permanencia en ambientes muy cerrados, puede generar esta sensibilidad, así como el tener padres a su vez alérgicos incrementa la posibilidad de desarrollarla. Son sustancias que, al entrar en contacto con la generalidad de las personas, no ocasionan problemas, pero que, en un alérgico, provoca una reacción inesperada.

Los más pequeños no pueden contarnos qué y cuándo les ocurre, por lo que deberemos estar muy atentos a sus reacciones. Si parece que se acatarra demasiado de seguido y sus moquitos son muy líquidos (no verdosos), si en su piel aparecen eccemas, o si presenta los ojitos muy irritados sin causa aparente, podemos estar ante síntomas de alergia. Es el momento de ser precavidos y de acudir al médico ante la menor sospecha.

El pediatra le realizará las pruebas pertinentes y te recomendará cómo proceder mejor en cada caso. Naturalmente, el primer paso será alejarlo del agente alérgeno: si es alérgico a los ácaros de polvo, por ejemplo, deberás extremar la higiene en las estancias donde tu hijo vaya a encontrarse. También habrá que concienciar a su entorno (profesores, cuidadoras y familiares) y, si es lo suficientemente mayor, deberás enseñarle a huir de aquello que tanto daño le puede hacer y a tomar, en su caso, la medicación que os recomienden.

Cualquiera en cualquier momento de su vida puede desarrollar una alergia. De la misma manera, hay reacciones alérgicas que van perdiendo virulencia con el tiempo, hasta incluso desaparecer, bien de manera natural, bien ayudada por algún tratamiento. Es importante desdramatizar la situación, que cada día es más común, y tratar de que el niño aprenda a convivir con esta molestia.

 

Imagen| Bigstockphoto