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entorno seguro

Tu bebé ya empieza a moverse solito, a explorar el mundo maravilloso al que ha llegado y que tanto tiene para ofrecerle. No puedes sentirte más orgullosa, pero, al mismo tiempo, te das cuenta de todos los peligros que deberá arrostrar a partir de ahora. Es el momento de crear para él un entorno seguro.

De entrada, el sentido común te guiará. Nunca lo dejes solo, ni un instante. Si antes, cuando de recién llegado ya lo tenías vigilado constantemente, ahora que empieza a separarse de ti y moverse de manera autónoma, con mayor razón. Salvo que esté dormidito y a buen recaudo, cualquier sofá, silla o mesita puede ser su enemiga: aún no conoce el significado del espacio, y fácilmente puede tropezarse con ella o dejarse caer desde lo alto.

Vigila los espacios vacíos: ventanas, barandillas y huecos de escalera han de estar protegidos  fuera de su alcance. Rejas, mallas o cualquier otro tipo de protección mantendrá a tu bebé a salvo del vacío. Recuerda que no hay nada que les atraiga más que lo desconocido: su curiosidad recién despierta, ese maravilloso don que les permitirá aprenderlo todo, es en estos momentos su peor amenaza.

Por supuesto, no dejes a su alcance nada con lo que pueda enredarse, cortarse, golpearse… no creas que no será capaz de abrir botes de medicamentos, puertas bajas de armaritos u otro tipo de escondite: sus manitas están adquiriendo nuevas habilidades a cada momento. No confíes en la suerte: guarda a buen recaudo o pon en sitios elevados todo aquello que no queremos que caiga en sus manos. Ata asimismo en alto los largos cordones de las cortinas: son una peligrosa tentación.

Protégele de los golpes y otros accidentes: esquineras, muebles anclados a la pared, protectores de tomas de red… la clásica chichonera (especie de casquito para evitar los golpes en la cabeza de tu bebé) puede ser muy útil sin es especialmente activo. Cuando lo sientes en alto, recuerda que, ahora que está aprendiendo a manejar su propio cuerpo, va a tener constantemente la tentación de escaparse y moverse libre: trábalo bien con las correas de la sillita.

Tu pequeñín es ahora todo un explorador. Pero aún no sabe que todo puede encerrar un peligro para su integridad, y se lanza a la aventura sin poder medir los riesgos. Es tu deber mantenerlo protegido para que crezca sano y fuerte y mantenga durante muchos años esa maravillosa y vibrante curiosidad.

Imagen| Bigstockphoto