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A veces es complicado. Ya lo sabemos. Pero bueno, nadie dijo que eso de ser mamá fuese fácil, aún así, como ya sabéis todas, es la cosa más gratificante del mundo. Pocas sensaciones y sentimientos se acercan a ese. Pero está claro que hay días difíciles. Sobre todo porque sentimos que “no valemos para esto” o que somos “malas madres”. Es por eso que hoy he querido recoger algunos consejos que ofrece el psicólogo Carlos Pajuelo Morán en el blog de Hoy.es. Además de servirnos para encarar mejor el día a día a con nuestros diablillos, también nos servirá para ver que no estamos solas, y que a todas las mamis y papis les suceden cosas similares a las nuestras.

En primer lugar, uno de los errores más habituales de los padres a la hora de educar a nuestros hijos es reñirles por las cosas que hacen mal, pero no felicitarles por las que hacen bien. Hay que saber ver las cosas malas de nuestros hijos, pero también las buenas, claro, para poder crear una imagen realista de él en nuestra cabeza. Del mismo modo hay que tener cuidado con hacerlo justo al contrario y ver sólo las cosas buenas.

Un término que utiliza mucho este psicólogo en el artículo es el de “melodrama”. Y es cierto, en el fondo todos los padres somos un poco melodramáticos y muchas veces mostramos la misma preocupación con asuntos casi insignificantes (como que nuestro hijo no se coma todo lo que hay en el plato) que con asuntos que de verdad tienen más importancia (conductas preocupantes). En ese sentido las súplicas en nuestro discurso al hablar al pequeño no son nada efectivas. En primer lugar porque merman nuestra credibilidad como padres y en segundo porque nos hacen desconfiar de nosotros mismos y de nuestra labor. Así que frases del tipo “hijo mío hazlo por mí” o “te suplico que me hagas caso” y cosas así… mejor olvidarlas.

Otro asunto muy importante es saber distinguir entre tolerancia y el “pasotismo”. No debemos agobiar a nuestros hijos con normas y tareas, pero las que haya se deben cumplir (por muy simples o tontas que parezcan). Si comenzamos a romperlas o modificarlas les estaremos restando valor y por lo tanto también a nosotros mismos. Dos últimos apuntes antes de terminar. Evitemos el momento “desesperación” con gritos, salidas de tonos y enfados que no sirven para nada. Lo mejor es mantener la calma siempre y eso sí, no dudar en pedir perdón cuando sintamos que nos hemos equivocado. Somos humanos, igual que nuestros hijos, y al igual que nuestros hijos, nosotros también nos equivocamos ¿No?

Fuente|Hoy.es
Imagen| Bigstockphoto