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Como ya sabemos, la piel de nuestro bebé es muy delicada, sobre todo porque absorbe rápidamente todos los ingredientes de perfumes, desodorantes, cremas… Por eso hay que tener mucho cuidado al tratarla y saber qué productos aplicar sobre ella a lo largo del día, pero sobre todo a la hora del baño. En general, lo mejor es intentar reducir el uso de estos productos, tal y como indica la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), ya que aunque pasan por muchos controles , usarlos en exceso tampoco es bueno para la pielecita de nuestro pequeño. No obstante, la OCU publicaba recientemente más consejos que podemos seguir a la hora de bañar a nuestro pequeñín.

Como hemos dicho más arriba, evitar cualquier tipo de producto que pueda irritar la piel del bebé siempre será lo mejor, ya que lo esencial para el baño es el agua. Agua en abundancia que puede combinarse con unas gotas de aceite de almendras, por ejemplo, que es inodoro y comestible, así no pasará nada si nuestro pequeño traga un poquito de agua. Lo mejor son los aceites puros, como éste, que solo tengan un ingrediente.

Teniendo esto claro, la lista de “cosas que no hay que hacer” es mucho más sencilla de llevar a cabo. No debemos usar, o por lo menos hay que evitar en la medida de lo posible, gel de ducha y champú, ya que podrían deshidratar o irritar la piel de nuestro hijo o producir irritación en los ojitos.  Lo mismo sucede con los perfumes y el agua de colonia si lleva alcohol, de hecho, en ocasiones puede crear alergias. Si nos reparamos en las cremas hidratantes es importante saber que si estamos dando el pecho a nuestro bebé no podemos aplicarnos crema en los senos ya que el pobre podría llegar a ingerirla. Igual sucede con los tintes, esmaltes… evitarlos mientras dure el embarazo y la lactancia, será lo mejor. Mirando a nuestro bebé,  si podemos evitar echarle  determinados tipos de cremas que poseen conservantes y algunas sustancias químicas dudosas, mejor que mejor. Si usamos los polvos de talco debemos tener mucho mucho cuidado porque están compuestos por partículas tan pequeñas que el bebé podría inhalarlas y ser perjudicial para sus pulmones. Sabiendo todo esto ya sí podemos decirlo:  ¡a la ducha!

Fuente|OCU.org
Imagen| Bigstockphoto