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amniocentesis

Seguramente muchas de vosotras habéis tenido que pasar por esta prueba. Es sin duda uno de los momentos de mayor tensión y nerviosismo de todo el embarazo.

Es en el segundo trimestre del embarazo cuando se realiza, y se utiliza para detectar posibles problemas cromosómicos, como el síndrome de Down, o genéticos, bien porque en alguna de las pruebas anteriores se ha detectado alguna anomalía, porque en nuestra familia hay antecedentes de este tipo de problemas o porque el ginecólogo considera que debido a la edad de la gestante y el desarrollo del embarazo sería recomendable. La fiabilidad de esta prueba es de un 99% y, aunque no es posible detectar todas las alteraciones genéticas posibles, sí es útil para descartar las más comunes.

La prueba es muy sencilla y se realiza en la misma consulta. A través de un escáner de ultrasonidos el médico detecta la posición del feto y de la placenta, e introduce en el útero una aguja larga, sin anestésico local, con la cual se extrae una cantidad aproximada de unos 14 cm3 de líquido amniótico. En este líquido es donde se encuentran las células madre que nos van a dar la información que estamos buscando. Éstas células tienen que estar cultivándose durante un periodo de unas dos a cinco semanas.

Una vez realizada la prueba tendremos que estar en reposo unas cuarenta y ocho horas, sin realizar ningún esfuerzo físico que pueda suponer un riesgo.

Como en todas las pruebas que van más allá de una analítica, entraña un riesgo de aborto, y, aunque es mínimo, existe y debemos de ser conscientes de ello. Hoy en día es evidente que cada vez se realizan mejor este tipo de pruebas, y debemos de tener en cuenta siempre el consejo médico en primer lugar, ya que nadie mejor que ellos pueden aconsejarnos a lo largo de nuestro embarazo.

Imagen| Bigstockphoto