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La ictericia en el recién nacido es una de las afecciones más frecuentes que suelen tener los bebés al nacer. Consiste básicamente en un color amarillo inusual de la piel y de la parte blanca del ojo. Esto es debido a un exceso de bilirrubina en la sangre, ya que el hígado de muchos recién nacidos no es capaz de descomponer y eliminar la bilirrubina al ritmo que debieran. También puede estar provocado por muchos otros factores de mayor gravedad, pero estos casos son mucho menores y los médicos saben diferenciarlos perfectamente.

La ictericia neonatal se da entre un 5 y un 10% de los recién nacidos. En estos casos, las indicaciones médicas mientras estamos en el hospital, siempre que la bilirrubina no esté excesivamente elevada, son ponerles a la luz, más concretamente a la luz solar, al lado de la ventana, en la habitación del hospital. Para ello tenemos que desvestir a nuestro bebé, y exponerle a los rayos solares, ya que éstos hacen que disminuya la concentración de bilirrubina en la piel. Otra forma de disminuir la bilirrubina es a través de las deposiciones, y para ello es recomendable estar muy pendientes de las tomas, intentar que no deje de mamar a un ritmo bueno y que permita que las deposiciones sean más numerosas.

Durante la estancia en el hospital el equipo médico estará muy pendiente de que los niveles no suban demasiado, ya que aunque se trata de una afección leve, si no se controla puede provocar daños irreversibles en nuestro hijo, como la sordera o una parálisis cerebral, por eso debemos seguir a la perfección las indicaciones del pediatra. En algunos casos es necesario la hospitalización posterior al nacimiento, ya que no ha sido posible con la luz solar disminuir esos niveles de bilirrubina, con lo cual nuestro hijo debe permanecer ingresado durante unos días. El tratamiento es muy sencillo, unas lámparas de fototerapia se encargarán de todo.

Lógicamente, y aunque no sea algo importante, a nosotras, como madres, nos preocupa cualquier cosa que le pueda ocurrir a nuestro hijo, pero debemos saber administrar nuestras emociones, y pensar que no se trata de nada grave y que en pocos días tendremos a nuestro hijo de vuelta a casa por fin.

Imagen| Bigstockphoto