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Hace unos días un compañero de uno de mis hijos salió de clase enfermo, con fiebre, y mientras comentábamos lo duro que es la vuelta al cole después de las vacaciones y la cantidad de virus y bacterias que hay ahora en época invernal, la mamá de este niño nos comentó que ella no utilizaba la medicina convencional. Ella había decidido, desde que sus hijos nacieron, que la homeopatía iba a ser su opción.

Muchas de las madres que allí nos encontramos nos sorprendimos mucho al saber que esa fiebre que el niño tenía no iba a ser tratada con ibuprofeno ni con paracetamol, sino con un medicamento homeopático procedente de la belladona, una planta que se utiliza como antiinflamatorio natural. En la cabeza de muchas de nosotras no cabe la posibilidad de tener un hijo enfermo y no acudir a nuestro centro de salud correspondiente y que el pediatra le reconozca y recete, en caso necesario, el medicamento que necesita. Pues bien, hay alternativas, aunque no lo creamos. Pero, ¿hasta qué punto es recomendable la homeopatía?  ¿Es realmente una alternativa real a la medicina convencional?.  Las respuestas a estas preguntas son muy variadas y de opiniones bastante divergentes. Hay quienes apuestan 100% por la homeopatía, ya que consideran que los efectos secundarios de los medicamentos que normalmente ingerimos son muy negativos, y que, por tanto, la homeopatía, que esta basada en estudios con plantas que lo único que aportan es un beneficio y sin efectos secundarios, es una alternativa mucho más saludable. Pero, por contra, está la corriente, sobre todo por parte de los profesionales de la sanidad, que opinan que la homeopatía no es más que placebo y que no está probada su eficacia en absoluto, siendo un riesgo para nuestra salud no acudir cuando verdaderamente lo necesitamos a un médico y sí a un homeópata.

Lo cierto es que los extremos no son buenos, y que tan malo es medicar en exceso como no hacerlo. Hoy en día, afortunadamente, se ha reducido mucho la automedicación. Hace unos años, los antibióticos, por ejemplo, podían comprarse en farmacias sin receta médica y tomarlos sin la prescripción facultativa. Pero sí es cierto que seguimos abusando mucho cuando en ocasiones no son necesarios. En el caso de nuestros hijos, cuando les duele un oído, o se han dado un golpe sin importancia, o tiene unas decimillas de fiebre, les administramos el ibuprofeno o paracetamol “por si acaso”. Y esto tampoco es saludable.

 

Imagen| Bigstockphoto