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Es una de nuestras mayores preocupaciones. Queremos que nuestros niños coman bien, crezcan sanos y prueben todo tipo de alimentos: verduras, carnes, pescados, frutas, lácteos… pero no nos damos cuenta que en ocasiones nos obsionamos demasiado y eso acaba siendo contraproducente para conseguir nuestro objetivo. De nada sirve enfadarnos, gritar, perseguirles con la cuchara detrás de ellos por toda la casa… Hay que tomárselo con calma y seguir algunos sencillos consejos.

Para empresa, de nada sirve darle la comida al niño antes que al resto de la familia. Lo más conveniente es comer en familia, todos juntos, a ser posible siempre a la misma hora más o menos. Para que él vea que el resto de las personas comen lo que él no quiere comer. Tampoco tiene mucho sentido distraer al pequeño con canciones, con juguetes, con la televisión… para introducirle la cuchara en la boca rápidamente y que coma. Todas lo hemos hecho, es así… pero bueno, lo que conviene es que coma porque sí, porque él lo interiorice así y no por una obligación. De la misma manera que tampoco es conveniente meterle la cuchara mientras el pequeño está llorando o irritado, mejor esperar a que se calme.

Ante todo: nunca le cambies la comida. Si lo haces un día, se irá acostumbrando y sabrá que siempre que algo no le gusta le vas a poner otra cosa que sí. Por último, ten mucha paciencia, e intenta sobre todo que el momento de la comida no acabe siendo algo demasiado desagradable para la familia. No obstante, si ves que el niño no mejora con el paso del tiempo y sigue comiendo tan mal, no dudes en acudir a un especialista. ¡Mucha suerte y ánimo!

 

Fuente| Ideal.es
Imagen| Bigstockphoto