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A los pequeñines les encanta el agua, por eso darnos un buen chapuzón es una actividad maravillosa para realizar con ellos. Pero, como en todo, hay que tener en cuenta que nuestros hijos no son plenamente conscientes de lo que implica, por lo que hay que tener en cuenta algunos puntos.

La vigilancia: nunca hemos de bajar la guardia. Ni aunque los nenes conozcan de memoria el sitio, ni aunque nos conste que saben nadar, ni aunque el lugar esté lleno de gente que vele por ellos, nunca hemos de permitir que se alejen de nuestra vista. No sólo dentro del agua, sino cuando estén jugando en las proximidades. A veces el sonido que pueden hacer al caer no es suficiente para alertarnos si estamos despistadas.

Una vez en el agua, lo primero de todo es colocarles los flotadores, sean del tipo que sean. Aunque vayamos a estar con ellos todo el rato, es más que conveniente asegurarse de que no van a hundirse. Asegura bien las cinchas y, si son inflables, comprueba que no haya fugas y que esté bien cerrada la válvula.

Si son pequeñines estarán mucho mejor en la piscina de bebés, en cualquier caso siempre en la más adecuada para su edad o tamaño. No es conveniente estar con él en la piscina de adultos aunque lo tengamos en brazos, sobre todo si no hacemos pie. Mucha prudencia en este caso: si nos diera un calambre o resbaláramos el resultado podría ser fatal.

Los vigilantes de las piscinas públicas están para ayudarnos a sentirnos más tranquilas: dominan las técnicas de rescate y reanimación, pero en previsión no estaría de más que aprendiéramos las maniobras básicas. De todas formas, siempre será mejor dejarlo en manos de los expertos. Ten siempre cerca los teléfonos de urgencias y ambulancias, así como un teléfono o un móvil cargado.

Divertirte con un pequeñín ha de ser una prioridad. No permitas que nada ensombrezca esta experiencia.

Imagen| Bigstockphoto