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No podemos explicarlo exactamente, pero reconocemos muy fácilmente el aroma que desprende un bebé. Un olor que ya detecta nuestro olfato cuando entramos a una casa y allí hay un bebé, un olor que, aunque no queramos, nos traslada calidez, tranquilidad, pureza, limpieza… Es un olor muy característico, pero que al mismo tiempo cada madre sabe distinguir de su pequeño. Es más, si a lo largo de nuestra vida tenemos tres hijos, estos tres hijos olerán a bebé, claro está, pero nosotras mismas seremos capaces de diferenciar los matices de cada uno de ellos. Todo está muy relacionado con los sentimientos y con la manera que tenemos de afrontar ese nacimiento. Igual que cuando un bebé nace es capaz de reconocer a su mamá por cómo huele, independientemente de que ésta lleve perfume o no (aunque siempre aconsejan no usar colonias ni cosas que puedan despistarle a la hora de buscarnos), porque identifica de alguna manera el olor de la leche materna, nosotras también tenemos la capacidad de distinguir a nuestro pequeño entre 100.000 más.

Muy ligado a todo esto, los expertos recomiendan que no “embadurnemos” a nuestros pequeños en colonias, perfumes… nada más nacer. Mucho menos si estamos hablando de zonas un tanto delicadas como es la piel o el pelo. Dejemos que crezcan un poquito, ya habrá tiempo para usar estos productos con ellos, o en su defecto, usemos estas colonias pero sobre la ropa del pequeño, no sobre su piel directamente. Aún así, como decíamos justo al empezar, nuestro pequeño tendrá ese olor tan característico y tan bonito que tampoco hará falta que usemos producto alguno con él.
Imagen| Bigstockphoto