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Lo cierto es que hay muchos profesionales que no recomiendan el aspirador nasal para nuestro bebé y la explicación es la siguiente. Al usarlo nos estamos arriesgando a que el moco del bebé entre en la trompa de eustaquio, la obstruya y cause así problemas de otitis. Ante esto lo que se aconseja desde colectivos como el Colegio  Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) es el uso de los lavados nasales para limpiar la nariz del bebé. Unos lavados que creedme, no vienen nada mal de vez en cuando también para los papis. Yo, por ejemplo me he acostumbrado a realizarlos todos los días con agua marina y la mejoría a la hora de respirar y de sentirme bien es inmensa. Aunque estos sencillos lavados se deben realizar alrededor de una vez al día, si nuestro pequeño sufre molestias porque esté resfriado o cosas similares se aconsejad realizar hasta cinco lavados al día.

Estos lavados consisten en aplicar suero fisiológico en cada orificio, de esta manera, se evita que los moquetes vayan a más. Esto, que puede parecer un asunto sin apenas importancia, puede desencadenar otras cosas que es importante tener en cuenta ya que si nuestro pequeño no puede respirar bien, no podrá alimentarse bien. Le costará realizar el proceso de lactancia y claro, una cosa se irá encadenando con la otra y el proceso de recuperación del bebé se complicará mucho.

Lo que suele suceder en estos casos es que los bebes son tan tan pequeñines que no tienen fuerza suficiente para toser, por ejemplo, y claro, mucho menos para poder limpiarse los moquetes. Entonces sólo cuando estos mocos han llegado a una zona determinada, gracias a un punto reflejo se pueden ir expulsando. Aún así, lo que origina esto es que se vayan acumulando los mocos y tengamos que recurrir a esto. Ante esta situación existe una técnica denominada AFE (Aceleración del Flujo Espiratorio) que consiste en ejercer una presión en el pecho y en la tripa del niño (no dolorosa) siguiendo su ritmo respiratorio. De esta manera el aire sale con mucha más fuerza y es más fácil que arrastre la mucosidad del pulmón. Esta técnica, según explican los expertos, no sólo es beneficiosa para la respiración, el descanso y la alimentación de nuestro bebé, también influye en la manera de actuar de los medicamentos (si el pequeño los está tomando). Esto es debido a que pueden actuar más rápido por dar con un pulmón limpio.

Aún así, no debemos preocuparnos, porque a partir de los dos o tres años, el niño ya va siendo consciente de cosas y ya aprende a sonarse los moquetes o por lo menos a pedir que alguien lo haga por él.

Fuente Colegio Profesional de Fisioterapeutas Comunidad de Madrid

Imagen| Bigstockphoto