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Cada año, con la llegada de la primavera, empieza esa temporada maravillosa en que los días son más largos, tenemos más horas para disfrutar del buen tiempo, de largos paseos y si el tiempo lo permite, esas terracitas de verano que ya empiezan a llenarse en esta época primaveral.

Muchas veces no caemos en la cuenta de que aunque no estemos en verano debemos proteger nuestra piel de la exposición solar prácticamente siempre. La embarazada produce una mayor cantidad de vitamina D para el desarrollo de los huesos del futuro bebé, con lo cual los rayos solares son muy beneficiosos a este respecto, pero siempre con moderación.

Debemos aplicarnos siempre una protección solar frente a los rayos UVA y UVB nunca inferior a treinta, en muchos casos incluso superior. Todo dependerá de si la persona es rubia o morena, de tez clara u oscura, y más o menos sensible al sol. Durante el periodo gestacional son muy comunes los melasmas o manchas solares. Con una protección adecuada podemos tratar de evitarlas. Esta protección puede ser a nuestra elección en crema, gel u otro formato. La tripita no necesita una crema especial, simplemente la misma que el resto del cuerpo. Y si tuviéramos que elegir un lugar especialmente sensible, éste sería sin duda la cara, ya que aquí es dónde mas melasmas pueden aparecer, por lo tanto, dónde más cuidados tenemos que dedicar.

Además de la aparición de las manchas solares, si las exposiciones al sol son muy prolongadas, puede producirse una disminución del ácido fólico en la embarazada. Los responsables de esto son los rayos UV y por ello entre otros múltiples aspectos negativos, no debemos realizar exposiciones en horarios de máxima radiación solar, ni muy prolongadas. El ácido fólico es fundamental para la formación del tubo neural del feto.

Por lo tanto disfrutemos de todos los beneficios que nos proporciona el sol, pero no olvidemos nunca que puede también causarnos muchos efectos negativos si no sabemos dosificar las exposiciones.

Imagen| Bigstockphoto