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Es muy normal que durante los primeros meses de vida de nuestro pequeño la coordinación de los movimientos de su intestino y la relajación del esfínter de su ano aún no haya adquirido la rutina necesaria, y al estar aún en formación se produzcan episodios de estreñimiento. Lo notaremos porque nuestro bebé estará molesto continuamente, llorará mucho y seguramente se ponga rojito para intentar hacer caquita. Durante el periodo de lactancia, notarás que tienes que cambiar el pañal al bebé casi cada vez que toma leche, sin embargo poco a poco y a medida que el bebé va creciendo esa frecuencia va disminuyendo de tal modo que a partir de los dos meses tendrás que cambiar el pañal alrededor de dos o tres veces al día. Claro está que todo depende del bebé y también del tipo de alimentación a la que se esté sometiendo.

Es importante vigilar de cerca este estreñimiento ya que, aunque es algo normal como estamos diciendo, es cierto que un descuido producirá que las heces se vuelvan más secas y duras en el colon del bebé y por lo tanto sea más complicado y doloroso expulsarlas. Normalmente este estreñimiento suele estar ligado a la alimentación de nuestro pequeño, que como a partir del cuarto mes suele ser sustituida por papillas, purés, verduras… pues hace que este problema desaparezca. No obstante, una buena idea para disminuir el estreñimiento es añadir agua de más al biberón ya que ésta ablandará la caquita que tiene retenida nuestro pequeño. Del mismo modo, y también relacionado con la alimentación, existen leches específicas anti estreñimiento que también ayudan, junto a los masajes (en la tripita o en la espalda) y baños de agua templada, a disminuir el problema.

Claro está que si el estreñimiento del nuestro pequeño se vuelve algo crónico y no desparece lo mejor es visitar a un especialista. Él mismo incluso nos podrá recomendar los supositorios de glicerina o lo que mejor vea conveniente, ya que nadie como ellos, los expertos, para saber qué necesitan nuestros peques.

Imagen| Bigstockphoto