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Tantos interrogantes… ¿qué hace ahí dentro? ¿Piensa en algo? ¿Sueña? ¿Me oye? ¿Me ve? Sabemos, porque los científicos lo han descubierto así, que poco a poco van desarrollando el sentido de la vista, e incluso a veces hemos notado que, al existir una luz cerquita del vientre se ha movido como tratando de evitarla… esto quiere decir que algo ve, ¿verdad?

Lo cierto es que no hay nada seguro aún. Estas reacciones nos hacen creer que sí, que es capaz de percibir la luz a través de sus ojitos aún no acabados de formar. Pero lo que parece seguro es que, aunque fuera así, no podría entender lo que significa, es decir, no ve en el sentido que nosotros entendemos como tal, porque son impresiones que no sabe interpretar.

También sabemos que alterna episodios de actividad (cuántas veces nos habremos quejado “hoy está revoltoso”) con momentos de calma. ¿Esto quiere decir que duerme? Seguramente. ¿Y entonces, podemos decir que sueña? Ahí entramos de nuevo en el campo de las especulaciones. Las reacciones observadas podrían indicar episodios oníricos, pero, ¿con qué puede soñar una criatura que nunca ha percibido el mundo?

Imágenes grabadas en su código genético, experiencias pre-aprendidas, emociones que algún día llegará a experimentar… ¿tal vez el olor y el tacto de la piel de mamá? O tal vez pueda recordar, de alguna manera, las caricias que desde el exterior papá le regaló a través de la tripita que le protege hasta su definitiva venida al mundo.

Hay amigas que aseguran que sus nenes aprendieron antes de nacer las canciones que entonces les dedicaron, que fueron después capaces de reconocer situaciones que mamá vivió cundo aún faltaban un par de semanas para que ellos naciesen. Es todo un misterio científico qué cantidad de información puede llegar a nuestros bebés. Por si acaso, procuremos que ésta sea lo más cariñosa y bonita posible.

¿Y tú? ¿Tienes alguna experiencia que puedas compartir con nosotras acerca de la vida de tu bebé antes de nacer?

Imagen| Bigstockphoto