fbpx

Ya llega el buen tiempo, y con él una oportunidad perfecta para sacar a tu pequeño al aire libre, a que respire y reciba los primeros rayos de sol. Esto, tan beneficioso para todos, ha de ser hecho con muchas precauciones. La delicada piel de nuestro bebé no posee la resistencia suficiente como para permitirle una exposición prolongada sin la adecuada protección. De lo contrario, nos arriesgaríamos a que sufriese quemaduras, insolaciones, manchas cutáneas y un aumento en las posibilidades de padecer cáncer de piel.

Para evitarlo no te olvides de emplear una crema solar de alta protección. Aplícasela media hora antes de la exposición al sol y repítelo cuantas veces sea necesaria, como mínimo cada dos horas. Mantente firme, por mucho que proteste. Mejor pringoso que malito. Además, cada vez aparecen lociones con texturas y olores más agradables para los pequeños. Que su inconsciente enfado no te confunda.

No lo dejes con la cabeza descubierta al sol. Mejor cúbresela con una gorrita, las hay de todas las formas y colores. Elegidla entre los dos, será mucho más divertido. En caso de necesidad, improvisa un tocado con el pañuelo, pero nunca permitas que esté sin cubrir: una insolación puede hacerle mucho daño. La luz también puede dañar sus ojitos, con lo que no estaría de más que le pusieras unas gafas de sol, mejor si son pequeñas, adaptadas a su carita.

Una vez en casa, después del baño, emplea una loción hidratante para después del sol. Refrescará su piel y evitará los problemas derivados de una larga exposición, además de lograr un tono mucho más bonito.

Todos necesitamos una cantidad de sol diaria en nuestra piel para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Nuestro pequeño no es una excepción, y agradecerá sin duda la ayuda de una buena exposición al astro rey. Ayudémosle a que sea de la mejor manera posible.

Imagen| Bigstockphoto